España: Cae a la mitad en Guipúzcoa la cifra de accidentes de tráfico con jóvenes implicados

En 2016 se registraron 1.003 heridos menores de veinticuatro años en Guipúzcoa. Un 17% de los jóvenes está a favor de reducir la tasa permitida de alcoholemia y un 57% aboga por implantar la ‘tasa cero’.

 

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Detrás de cada accidente de tráfico hay una historia cruel. Sueños y vidas que se ven truncados por un despiste o por una mala decisión. El relato se vuelve aún más dramático si los tristes protagonistas son jóvenes con toda la vida aún por delante. El último ejemplo lo podemos encontrar el pasado fin de semana, cuando dos jóvenes franceses fallecieron en un accidente en la N-121-A a la altura de Behobia. O el del hondarribiarra Xabier Garmendia que perdió la vida a comienzos de semana en otro siniestro de tráfico ocurrido en el estado mexicano de Baja California.

Al igual que a ellos, la desgracia también ha cogido por sorpresa a muchos jóvenes en las carreteras. A pesar de las campañas de concienciación y las cada vez más severas multas, para los responsables de la seguridad vial las cifras de accidentes en los que los menores de 30 años se ven implicados aún son «alarmantes». No obstante, la fotografía de esta última década ha dado un giro sustancial en Guipúzcoa. Se ha registrado la mitad de siniestros con personas implicadas que tenían entre 0 y 24 años de edad. Pero los focos de la Dirección General de Tráfico (DGT) siguen puestos en reducir estos números. Para ello, en más de una ocasión ha deslizado la posibilidad de implantar la tasa cero al volante para los conductores noveles y profesionales.

1.003 jóvenes de entre 0 y 24 años se vieron implicados en accidentes en las carreteras guipuzcoanas el año pasado, según los datos aportados por la Ertzaintza. Se trata de un número notablemente más bajo si se observan las cifras de 2003, cuando 2.848 jóvenes estuvieron involucrados en algún tipo de siniestro. Desde esa fecha, el número ha ido descendiendo paulatinamente. Seguramente, espoleado por las campañas de concienciación que han puesto en marcha desde la DGT o el departamento de Seguridad del Gobierno Vasco.

El año 2009 se consiguió bajar de la barrera de los 2.000 implicados en accidentes de tráfico cuando en Guipúzcoa 1.922 jóvenes sufrieron algún tipo de percance con el vehículo. Eso sí, la cifra más baja se registró en 2005 cuando fueron 889 las personas entre 0 y 24 años las que tuvieron algún percance. A pesar de este pico descendente, por primera vez en catorce años, el pasado ejercicio registró un aumento en los siniestros. Frenando en seco la tendencia a la baja y alertando a las autoridades competentes.

En el conjunto de Euskadi, los últimos años también se ha conseguido ir reduciendo la tasa de siniestros de manera paulatina. De los 6.875 siniestros con jóvenes que se produjeron en 2003 se ha descendido a los 2.463 del año pasado. La misma tendencia siguen tanto en Bizkaia como en Álava. En las carreteras vizcaínas, hace catorce años, se contabilizaron 3.306 siniestros con jóvenes implicados, mientras que el año pasado la cifra cayó hasta 1.092. Más de la mitad. En Álava por su parte ha descendido de los 721 a los 368.

Esta tendencia a la baja también se refleja en la mayoría de carreteras del Estado. Los conductores jóvenes, de entre 16 y 29 años, constituyen el grupo de edad que ha experimentado una mayor reducción en el número de fallecidos por siniestralidad vial de los últimos diez años, con una tasa de descenso de un 75%, cuando la media general en España se sitúa en un 56%, según un informe publicado por la Fundación Mapfre sobre ‘Jóvenes y Seguridad Vial’.

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Los conductores jóvenes piden más sanciones por drogas y una tasa cero de alcohol

Un estudio asegura que los conductores de entre 18 y 29 años también están a favor de endurecer las sanciones por conducir usando el móvil. Los jóvenes lideran la reducción del número de fallecidos en carretera en los últimos diez años, según el estudio.

 

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La mayoría de jóvenes de 18 a 29 años ve necesario endurecer las sanciones por conducir bajo los efectos de drogas y alcohol (más del 90%) y usando el móvil (86%); tres de cada cuatro creen que hay que reducir el límite de alcoholemia permitido y más de la mitad opina que, incluso, a cero.

Así lo refleja el informe ‘Jóvenes y seguridad vial’ elaborado tras dos mil encuestas a jóvenes conductores de dichas edades, que ha presentado este jueves la Fundación Mapfre y que destaca que también están de acuerdo en que haya más castigos por no ponerse el cinturón de seguridad y sillitas infantiles (84%) y por no cumplir las señales de velocidad (81%).

El estudio subraya que los jóvenes lideran la reducción más significativa en el número de fallecidos por siniestralidad vial en los últimos diez años, al pasar de 1.500 al año a más de 400 en cada uno de los dos últimos, un 75% menos, si bien esta tendencia se ha roto en los tres últimos ejercicios y en 2016 ha repuntado un 4%.

El trabajo refleja que siete de cada diez jóvenes se considera “buen conductor” y que en su mayoría son conscientes de que entre los riesgos de accidente más frecuentes están el consumo de alcohol (lo destaca el 92%) y drogas (87%), así como superar la velocidad permitida (85%), conducir cansado (74%) y hablar por el móvil (70%).

Coinciden además en la necesidad de disponer de tecnologías innovadoras de seguridad vial como el sistema que detecta que el conductor está bajo los efectos del alcohol (92%) y cajas negras (90%), así como limitadores de velocidad que impidan exceder los máximos establecidos (74%).

Crece el número de bebés con síndrome alcohólico fetal

Se calcula que en Euskadi pueden nacer cincuenta niños al año con este problema aunque no haya diagnóstico.

 

Cualquier consumo de alcohol en el embarazo resulta perjudicial.

Cualquier consumo de alcohol en el embarazo resulta perjudicial. (N.G.)

Bilbao – Las adopciones internacionales y el creciente consumo de alcohol -se calcula que más del 10% de las embarazadas consume bebidas alcohólicas durante la gestación- incide en el aumento del número de niños con síndrome alcohólico fetal (SAF). De hecho, cada año nacen en el mundo 119.000 bebés con este síndrome, según han constado desde el Centro de Adicción y Salud Mental de Canadá, que ha realizado uno de los primeros informes sobre esta patología. El cúmulo de casos de niños adoptados con estos síntomas dio la voz de alerta en Catalunya y ha hecho aflorar una bolsa de pacientes no detectados porque habían sido mal diagnosticados.

Pese a que la mayoría de los casos proviene de adopciones de países del Este, principalmente Rusia y Ucrania, en Europa la cifra de bebés con el síndrome también crece. En el Estado, ya lo padecen dos de cada mil. Con estas cifras en la mano, casi cincuenta recién nacidos vascos podrían sufrir el síndrome alcohólico fetal aunque no siempre se diagnostica desde su inicio.

alteraciones Y es que tomar bebidas alcohólicas durante el embarazo puede generar alteraciones neurológicas y físicas en el feto. Se trata de un paraguas de dolencias conocidas como trastornos de espectro alcohólico fetal. De ellas, el síndrome de alcoholismo fetal (SAF) es el más grave. No en vano, la exposición prenatal al alcohol es la principal causa conocida de retraso mental en el mundo occidental ya que produce daños irreversibles en el sistema nervioso central. Se ha demostrado clínicamente que la ingesta de alcohol por parte de una mujer embarazada destruye el 30% de las células del cerebro de un neonato.

La doctora Nuria Gómez Barros explica que, entre los síntomas se encuentran malformaciones morfológicas (especialmente defectos cráneo-faciales), o retraso en el crecimiento. Pero también sufren alteraciones cognitivas, conductuales, de socialización y de aprendizaje, así como “dificultades en habilidades diarias y relaciones sociales”.

Este síndrome se constituye, además, como la principal causa de defectos físicos y mentales de nacimiento que incluso supera a los del síndrome de Down y la espina bífida. Además llega a generar anormalidades más graves que las que pueden causar drogas como heroína, cocaína o marihuana. Con el agravante de que las secuelas del alcohol se manifiestan al poco de nacer, pero se mantienen de por vida. Sin embargo, en torno al 10% de mujeres de todo el mundo beben alcohol durante el embarazo. Y más del 40% lo hacen durante el primer mes de gestación.

La profesora Svetlana Popova, del Centro de Adicción y Salud Mental de Toronto, y varios científicos examinaron 24 estudios que incluían a 1.416 niños y jóvenes diagnosticados con el trastorno del espectro alcohólico fetal, concluyendo que la prevalencia global de este espectro entre niños y jóvenes es de alrededor de ocho de cada mil en la población general. Asimismo pusieron de manifiesto que una de cada trece mujeres embarazadas que consumieron alcohol dio a luz a un niño con FASD.

ADOPCIONES EN JAQUE La detección de un elevado número de pequeños adoptados en Catalunya en el conocido como cinturón del vodka ha puesto en jaque la adopción proveniente de varios países. Ahora, el Hospital del Mar, el Vall d’Hebron y el Hospital Sant Joan de Déu intentarán determinar en un estudio pionero cuál es la incidencia del problema en esta región que ha adoptado desde 1998 cerca de 5.000 niños de estos países.

El subdirector de Drogodependencias de Catalunya, Joan Colom, aseguró que el SAF “es una preocupación que viene de lejos”, pero existe un problema de diagnóstico. De hecho, en el año 2011, los hospitales catalanes solo reportaron dos casos cuando la sospecha es que son muchos más.

Los problemas que causa el alcohol en el embarazo están por concretar en toda su dimensión. Sin embargo, según el instituto canadiense, “el feto es particularmente vulnerable al consumo materno, debido a la eliminación ineficiente y a la exposición prolongada. El alcohol se elimina del compartimento fetal con una tasa de solo el 3 al 4%, respecto de la tasa materna”. Además, según aclaran los investigadores, “gran parte del alcohol se excreta por el feto en el líquido amniótico y se recicla a través de la deglución fetal del líquido amniótico y la absorción intramembranosa.

Perfiles

Síntomas. Los casos más leves presentan solo características faciales o solo problemas conductuales, o cognitivos.

cara y cruz

Los países con mayor consumo de alcohol durante el embarazo son Rusia, Reino Unido, Dinamarca, Bielorrusia e Irlanda. Europa también presenta una prevalencia 2,6 más elevada de SAF que el promedio mundial.

Los países con un consumo de alcohol más bajo por parte de las embarazadas y menor número de casos de SAF se hallan en las regiones del Mediterráneo oriental y del sudeste asiático.

estadística

40%

Se calcula que más del 40% de las mujeres del Estado español toman alcohol durante su primer mes de embarazo. Un 10% lo ingiere durante toda la gestación.

El Raval vive un repunte de la heroína en los meses de verano

  • El nuevo Plan de Drogas lanza un pulso al alcohol: 65.000 ciudadanos tienen una conducta de riesgo

«El aleteo de una mariposa puede provocar un huracán en la otra punta del mundo», dice la teoría del caos. El repunte de consumo de heroína en el Raval de Barcelona este verano no empieza en las antípodas, lo hace en la otra punta de la ciudad, en el el Poblenou. Y no es un aleteo, sino el asesinato de un joven en el Port Olímpic lo que desata un vendaval. La víctima era un miembro del clan gitano de los Baltasares y los autores del homicido pertenecían a otros clanes también gitanos residentes en la Mina y en barrio de Sant Roc de Badalona: los Pelúos, Manuel, Zorros y Cascabel. Como la ley gitana dice que «un muerto se paga con otro muerto» y no hace falta que sea el autor del crimen, vale con llevar el mismo apellido, centenares de personas huyeron de los dos barrios. Muchas familias que se dedicaban al menudeo de la droga. El Ayuntamiento de Barcelona sospecha que parte del trapicheo se ha trasladado al Raval, por eso los meses de junio y julio ha habido un repunte del consumo de heroína en el centro de la ciudad. «Si lo normal era recoger entre 1.000 y 1.400 jeringuillas al mes en el Raval, en junio y julio se recogieron casi 2.000, aunque en agosto volvió a bajar», explicó ayer la teniente de alcalde de Derechos Sociales, Laia Ortiz, durante la presentación del Plan de Acción de Drogas 2017-2020, que por primera vez incluye el riesgo a las adicciones tecnológicas, como el móvil, y en el que han participado 300 profesionales.

Pese a que el menudeo en los pisos del Raval y el repunte del consumo en sus calles ha tenido un gran eco mediático, el consumo de heroína en la ciudad no crece, se mantiene estable. Mientras que en 2004 se recogían 14.000 jeringuillas en la ciudad cada mes, el año pasado se recogieron unas 2.000.

El alcoholismo sigue siendo de largo la adicción más extendida y que más daño causa. El 45 % de los cuidadanos que durante 2016 inició un tratamiento en algún centro de la red de atención a las adicciones fue por alcoholismo, 1.337 hombres y 527 mujeres. Mientras que un 17 % empezó un tratamiento por consumo de cocaína y un 16%, por heroína.

200 atendidos por chemsex

El Plan de Acción sobre Drogas que tiene más de 30 años de recorrido busca prevenir y reducir el consumo de drogas y sus repercusiones. El alcohol es la adicción que más preocupa, porque afecta a todas las edades, al 5 % de los hombres y al 4 % de las mujeres hacen un consumo de riesgo. Por eso, se han creado recursos específicos para atender a las mujeres que además tienen riesgo de sufrir violencia y abusos. El 30 % de los alumnos de 4 º de ESO y el 50 % de Bachillerato admite haber tenido relaciones sexuales bajo los efectos del alcohol y de estos, entre el 70 y 90 % no utilizó preservativo.

El «chemsex», un fenómeno casi exclusivo de la comunidad gay que va de consumir varias drogas para tener sexo durante un largo periodo de tiempo, se aborda por primera vez en el plan tras atender 200 casos en 2016.

Las sobredosis no frenan el consumo de opiáceos

Las sobredosis no frenan el consumo de opiáceos

Un estudio de la Universidad de Pittsburgh (EEUU) ha evidenciado que el consumo de opiáceos no disminuye una vez se ha superado una sobredosis, dado que los investigadores “apenas” han observado ligeros aumentos en el uso de tratamiento asistido por medicamentos para frenar la adicción.

 

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Un estudio de la Universidad de Pittsburgh (EEUU) ha evidenciado que el consumo de opiáceos no disminuye una vez se ha superado una sobredosis, dado que los investigadores “apenas” han observado ligeros aumentos en el uso de tratamiento asistido por medicamentos para frenar la adicción.

En esta línea, se descubrió que cualquier prescripción de este tratamiento (un cóctel conocido como MAT que consta de buprenorfina, naltrexona -ambos sintetizados a partir de la tebaína- y metadona -opioide sintético-) disminuyó después de haber superado esta. Así, en el caso de la heroína, la prescripción pasó de un 43,2 por ciento antes de la sobredosis a un 39,7 por ciento después; mientras que en el caso de los opiáceos prescritos, como morfina, codeína o tebaína, fue de un 66,1 por ciento a un 59,6 por ciento.

En el estudio, cuyos resultados fueron publicados en la revista ‘JAMA’, se analizaron a 6.013 pacientes de 12 a 64 años de Pensilvania (EEUU) afiliados al Medicaid -un programa para el cuidado de la salud en personas de bajos ingresos- con sobredosis ocurridas desde 2008 hasta 2013 (2.068 por heroína y 3.945 por opiáceos prescritos), para comparar el consumo y la duración del uso de estas sustancias con receta y las tasas de tratamiento asistido antes y después de la sobredosis.

El porcentaje de afiliados con una duración de 90 días o más de prescripción de opiáceos disminuyó en el grupo de heroína (del 10,5 al 9%) y en el grupo de opiáceos recetados (del 32,5 al 28,3%). Por su parte, el uso del combinado de medicamentos aumentó después de la sobredosis de heroína de 29,5 a 33 por ciento y después de la de opioides prescritos de 13,5 a 15,1 por ciento.

Por todo ello, los expertos han incidido en la importancia que tiene que los pacientes reciban atención médica, pues esta “reduce el riesgo de sobredosis, incluyendo notificaciones a los médicos para aquellos tratados por sobredosis y la distribución de naloxona por parte del departamento de urgencias”.

Cómo comprender los trastornos por consumo de alcohol y su tratamiento

Cómo comprender los trastornos por consumo de alcohol y su tratamiento

Para muchas personas, tomar alcohol es solo una forma placentera de relajarse. Sin embargo, las personas con trastornos por consumo de alcohol toman en exceso, poniendo en peligro sus vidas y las de los demás. Esta hoja informativa de preguntas y respuestas explica los problemas ocasionados por el consumo de alcohol y cómo los psicólogos pueden ayudar a las personas a recuperarse.

¿Cuándo es que tomar alcohol se convierte en un problema?

Para la mayoría de los adultos, el consumo moderado de alcohol, no más de dos bebidas por día para los hombres y una para las mujeres y personas mayores, es relativamente inofensivo. (Una “bebida” significa 1,5 onzas de bebidas fuertes, 5 onzas de vino o 12 onzas de cerveza, que en todos los casos contienen 0,5 onzas de alcohol).

El consumo moderado, sin embargo, reside en un extremo del rango que va desde el abuso de alcohol hasta la dependencia del alcohol:

  • El abuso de alcohol es un patrón de consumo de bebidas que deriva en consecuencias adversas importantes y recurrentes. Las personas que abusan del alcohol pueden no cumplir con sus obligaciones importantes en la escuela, el trabajo o la familia. Pueden tener problemas legales relacionados con el consumo de alcohol, como repetidos arrestos por conducir bajo los efectos del alcohol. Pueden tener problemas de relación asociados con la bebida.
  • Las personas con alcoholismo “técnicamente conocido como dependencia del alcohol” pierden el control confiable de su consumo de alcohol. No importa qué tipo de alcohol uno tome y ni siquiera la cantidad: las personas dependientes del alcohol a menudo no pueden dejar de tomar una vez que comienzan. La dependencia del alcohol se caracteriza por la tolerancia (la necesidad de tomar más para lograr la misma euforia) y el síndrome de abstinencia si la bebida se interrumpe bruscamente. Los síntomas de abstinencia pueden incluir náuseas, sudoración, inquietud, irritabilidad, temblores, alucinaciones y convulsiones.

Si bien se da la mayor atención pública a los problemas graves por consumo de alcohol, hasta los problemas leves y moderados provocan importantes daños a las personas, sus familias y la comunidad.

Según el Instituto Nacional de Abuso de Alcohol y Alcoholismo (NIAAA por sus siglas en inglés), 1 de cada 13 adultos en los Estados Unidos abusa del alcohol o es alcohólico en un momento determinado. En 1997 una encuesta del gobierno reveló que los problemas por consumo de bebidas alcohólicas también son comunes entre las personas más jóvenes en los Estados Unidos. Por ejemplo, casi 5 millones de jóvenes, entre 12 y 20 años, beben cantidades muy elevadas de alcohol en cortos períodos de tiempo, según lo cual las mujeres consumen como mínimo cuatro bebidas una tras otra y los hombres como mínimo cinco.

¿Qué provoca los trastornos relacionados con el alcohol?

Los problemas con el alcohol tienen múltiples causas, y los factores genéticos, fisiológicos, psicológicos y sociales desempeñan un papel importante. No todas las personas se ven igualmente afectadas por cada causa. Para algunas personas que abusan del alcohol, los rasgos psicológicos como impulsividad, baja autoestima y una necesidad de aprobación provocan que se beba alcohol de manera inapropiada. Algunas personas toman para sobrellevar o “curar” problemas emocionales. Los factores sociales y del entorno, como la presión de los compañeros y la fácil disponibilidad del alcohol, pueden jugar roles clave. La pobreza y el abuso físico o sexual aumentan las probabilidades de desarrollar dependencia al  alcohol.

Los factores genéticos hacen que algunas personas sean especialmente vulnerables a la dependencia del alcohol. Contrariamente a lo que se cree, ser capaz de beber sin que se le note, significa que usted está en un mayor riesgo, y no menor, de tener problemas con el alcohol. Sin embargo, los antecedentes familiares de problemas con el consumo de alcohol no significan que los hijos de quienes tienen estos problemas automáticamente crecerán y tendrán los mismos problemas, del mismo modo que la ausencia de problemas con el consumo de alcohol en la familia no necesariamente protege a los niños de desarrollar estos problemas.

Una vez que las personas comienzan a tomar en exceso, el problema puede perpetuarse. Consumir bebidas alcohólicas en exceso puede causar cambios fisiológicos que hacen que beber más sea la única forma de evitar el malestar. Las personas con dependencia del alcohol pueden beber en parte para reducir o evitar el síndrome de abstinencia.

¿Cómo afectan a las personas los trastornos por consumo de alcohol?

Si bien algunas investigaciones sugieren que pequeñas cantidades de alcohol pueden tener efectos cardiovasculares beneficiosos, existe un consenso generalizado de que tomar mucho puede provocar problemas de salud. De hecho, 100.000 personas en los Estados Unidos mueren por causas relacionadas con el alcohol cada año. Los efectos a corto plazo incluyen pérdida de memoria, resaca y amnesia alcohólica. Los problemas a largo plazo asociados con el consumo excesivo de alcohol incluyen trastornos estomacales, problemas cardíacos, cáncer, daños cerebrales, pérdida de memoria grave y cirrosis hepática. Los bebedores empedernidos también aumentan de forma notoria sus posibilidades de morir debido a accidentes automovilísticos, homicidios y suicidios. Si bien es más probable que los hombres desarrollen el alcoholismo que las mujeres, la salud de las mujeres se ve más afectada hasta con bajos niveles de consumo de alcohol.

Los problemas con el alcohol también tienen un impacto muy negativo en la salud mental. El abuso de alcohol y el alcoholismo pueden empeorar condiciones existentes como la depresión o provocar nuevos problemas como la pérdida grave de memoria, la depresión o la ansiedad.

Los problemas con el alcohol no solo lastiman al bebedor. Según la NIAAA, más de la mitad de las personas en los Estados Unidos tienen como mínimo un familiar cercano con un problema por consumo de alcohol. Es más probable que las esposas y los hijos de los bebedores empedernidos experimenten violencia familiar así como que los niños enfrenten abuso físico y sexual, abandono y desarrollen problemas psicológicos. Las mujeres que consumen alcohol durante el embarazo corren serios riesgos de causar daño al feto. Amigos y familiares pueden morir o resultar heridos en accidentes y asaltos relacionados con el alcohol.

¿Cuándo se debe buscar ayuda?

A menudo las personas ocultan su consumo de bebidas alcohólicas o niegan tener un problema. ¿Cómo puede saber si usted o alguien que conoce está en dificultades? Los signos de un posible problema incluyen tener amigos o parientes que expresan preocupación, enojarse cuando las personas critican que bebe demasiado, sentirse culpable por beber y pensar que debe dejar de hacerlo pero sentirse incapaz de lograrlo y/o necesitar una bebida por la mañana para calmar sus nervios o aliviar la resaca.

Algunas personas que tienen problemas con el alcohol hacen un gran esfuerzo para resolverlos, y con frecuencia, con el apoyo de familiares y/o amigos, pueden recuperarse por cuenta propia. Sin embargo, aquellas personas con dependencia del alcohol no suelen dejar de tomar sólo con fuerza de voluntad; muchas necesitan ayuda externa. Pueden requerir una desintoxicación supervisada por un médico para evitar los síntomas potencialmente mortales del síndrome de abstinencia como las convulsiones. Una vez que las personas están estabilizadas, pueden necesitar resolver los problemas psicológicos asociados con el consumo de alcohol.

Hay varias maneras disponibles para abordar el tratamiento de los problemas con el alcohol. Ninguna es la mejor para todas las personas.

¿Cómo puede ayudar un psicólogo?

Los psicólogos que están capacitados y experimentados para tratar los problemas con el alcohol pueden ayudar de muchas maneras. Antes de que el bebedor busque ayuda, un psicólogo puede guiar a la familia u otras personas a ayudar a que la motivación para cambiar aumente en el bebedor.

Un psicólogo puede comenzar con el bebedor evaluando los tipos y grados de problemas que experimenta. Los resultados de la evaluación pueden ofrecer una guía inicial al bebedor sobre qué tratamiento debe buscar y ayudar a motivarlo para que se someta al tratamiento. Las personas que tienen problemas con el consumo de alcohol mejoran indudablemente sus posibilidades de recuperación al buscar ayuda temprano.

Al recurrir a uno o más tipos de terapias psicológicas, los psicólogos pueden ayudar a las personas a abordar los problemas psicológicos subyacentes a sus problemas con el alcohol. Varias de estas terapias, incluyendo la terapia cognitiva conductual que facilita el desarrollo de habilidades para sobrellevar situaciones difíciles y la terapia de estimulación motivacional (MET por sus siglas en inglés), fueron desarrolladas por psicólogos. Las terapias adicionales incluyen terapias de facilitación en 12 pasos que asisten a quienes tienen problemas con el consumo de alcohol a usar programas de autoayuda como Alcohólicos Anónimos (AA). Las tres terapias, terapia cognitiva conductual para sobrellevar situaciones difíciles, terapia de estimulación motivacional y terapia de facilitación en 12 pasos, demostraron su eficacia a través de ensayos de tratamiento a gran escala bien diseñados. Estas terapias pueden ayudar a las personas a estimular su motivación para dejar de tomar, identificar las circunstancias que desencadenan el consumo de bebidas alcohólicas, aprender nuevos métodos para sobrellevar situaciones de alto riesgo que propician la bebida y desarrollar sistemas de apoyo social dentro de sus comunidades.

Muchas personas que tienen problemas con el consumo de alcohol tienen también otros problemas de salud, como ansiedad y depresiones graves, que ocurren al mismo tiempo. Los psicólogos pueden ser de gran ayuda para diagnosticar y tratar estos problemas psicológicos que ocurren al mismo tiempo cuando comienzan a crear problemas. Además, un bebedor en tratamiento puede recibir servicios de muchos profesionales de la salud y un psicólogo puede desempeñar un papel importante en la coordinación de estos servicios.

Los psicólogos también pueden brindar terapias de pareja, familiares y de grupo, que a menudo resultan útiles para reparar relaciones interpersonales y el éxito a largo plazo para resolver los problemas ocasionados por el consumo de alcohol. Las relaciones familiares influyen en la conducta relacionada con el consumo de alcohol y estas relaciones suelen cambiar durante la recuperación de la persona. El psicólogo puede ayudar al bebedor y su pareja a recorrer estas transiciones complejas, ayudar a las familias a entender el problema del consumo de alcohol, aprender a brindar apoyo a familiares en el proceso de recuperación y remitir a los familiares a grupos de autoayuda como Alcohólicos Anónimos y Alateen.

Dado que una persona puede experimentar una o más recaídas y volver a consumir alcohol, puede ser fundamental contar con un profesional de la salud adecuado como un psicólogo de confianza con el que la persona pueda analizar y aprender de estos hechos. Si el bebedor no puede resolver sus problemas con el consumo de alcohol enteramente, un psicólogo puede ayudarlo a reducir el consumo de alcohol y minimizar los problemas.

Los psicólogos pueden también hacer remisiones a grupos de autoayuda. Incluso al terminar el tratamiento formal, muchas personas buscan apoyo adicional continuando su participación en dichos grupos.

Los trastornos relacionados con el consumo de alcohol afectan gravemente el funcionamiento y la salud. Sin embargo, las posibilidades de una recuperación exitosa a largo plazo para quienes buscan la ayuda adecuada son buenas. Los psicólogos ponen en práctica sus sólidos conocimientos para ayudar a las personas a resolver los problemas con el consumo de alcohol y trabajan para poner a disposición servicios de tratamiento cuando sea necesario.

Nuevos datos de la alteración cerebral que causa el consumo de alcohol en jóvenes

Investigadores de la Universidad de Finlandia Oriental y el Hospital Universitario de Kuopio han descubierto que el consumo continuado de alcohol durante la adolescencia altera la excitabilidad cortical y la conectividad funcional del cerebro.

 

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Nota: artículo original publicado en www.infosalus.com

Investigadores de la Universidad de Finlandia Oriental y el Hospital Universitario de Kuopio han descubierto que el consumo continuado de alcohol durante la adolescencia altera la excitabilidad cortical y la conectividad funcional del cerebro.

Las alteraciones, según cuentan en un artículo publicado en la revista ‘Addiction Biology’ , se observaron en adolescentes física y mentalmente sanos que, aunque bebían mucho, no cumplían con los criterios diagnósticos para un trastorno por abuso de sustancias.

La investigación forma parte de un estudio de adolescentes y alcohol que analizaba los efectos del consumo abusivo en la actividad eléctrica y la excitabilidad de la corteza, realizado a partir de un seguimiento a 27 jóvenes de 13 a 18 años que habían sido bebedores intensos a lo largo de su adolescencia y otros 25 sujetos de edad, sexo y nivel educativo similar que nunca habían probado el alcohol, que fueron utilizados como grupo control.

Cuando los participantes tenían entre 23 y 28 años, la actividad cerebral de los participantes se analizó mediante estimulación magnética transcraneal y un electroencefalograma realizados de forma simultánea.

En la primera prueba, los pulsos magnéticos se dirigen a la cabeza para activar las células neuronales corticales, son seguros y no conllevan ningún dolor. Además, el método permite analizar cómo diferentes regiones de la corteza responden a la estimulación eléctrica y cuáles son las conectividades funcionales entre las diferentes regiones. E indirectamente, el método también hace posible analizar la transmisión química, es decir, la función de mediador.

Los efectos del consumo de alcohol a largo plazo no se han estudiado nunca antes entre los adolescentes de esta manera, y los resultados revelaron que la respuesta cortical a la prueba fue más fuerte entre los consumidores de alcohol.

Además, demostraban una mayor actividad eléctrica general en la corteza así como una mayor actividad asociada con el ácido gamma-aminobutírico (GABA), un sistema de neurotransmisión. También hubo diferencias entre los grupos en cómo esta actividad se extendió a las diferentes regiones del cerebro.

Estudios previos

Investigaciones previas han demostrado que, a largo plazo, el consumo de alcohol altera la función del sistema de neurotransmisión GABA, encargado de inhibir el cerebro y la función del sistema nervioso central y conocido por desempeñar un papel clave en la ansiedad, la depresión y otros trastornos neurológicos.

En concreto, el estudio encontró que el consumo del alcohol causó alteraciones significativas en la neurotransmisión eléctrica y química entre los participantes del estudio, aunque ninguno de ellos cumplió los criterios diagnósticos de un trastorno por abuso de sustancias.

Por otra parte, en un estudio anterior realizado en la Universidad de Finlandia Oriental se observó un adelgazamiento cortical en aquellos jóvenes que habían sido bebedores durante toda su adolescencia, lo que podría deberse a que el cerebro está todavía está en desarrollo.